de David Martínez Curtidor - martes, 12 de agosto de 2008, 14:40
Hola compañeros, nuevamente con ustedes para compartir la reflexión sobre “La aventura de ser Maestro”.
Ayer, cuando inicié mi participación en el foro traté de reconstruir mi docencia tomando como punto de partida la dicotomía: profesional independiente-maestro, lo que no me costó trabajo; sin embargo, debo confesar que manejé mi escrito con un dejo de ansiedad y temor: ¿me habré conducido bien? ¿Estaré utilizando los conceptos adecuados? ¿Qué pensarán mis compañeros y tutor -que son más experimentados- acerca de mi intervención?, etc., no obstante al recorrer la lectura sobre La Aventura de ser Maestro, confieso que me di un respiro y sonreí al recordar mis temores, pues veo que son compartidos con una gran cantidad de docentes en todas partes del mundo y en todos los niveles.
Es verdad que en el nivel que nos desempeñamos –medio superior- el compromiso es bastante grande ya que no solamente debemos atender al avance intelectual del alumno sino que también es un compromiso generalizado el acotar las distancias entre el nivel y la calidad de los conocimientos que poseen unos y otros, es decir, estandarizar al grupo, pues es innegable que el sistema educativo y la falta de compromiso de algunos docentes con su función provoca serias deficiencias en la adquisición de conocimientos de algunos alumnos y, ello lleva al atraso, la desilusión y finalmente a la deserción, pues el alumno piensa que su falta de aprovechamiento es imputable a él y no lo asocia con la falta de eficacia del docente en las técnicas y formas de la enseñanza.
Generalmente cuando tomamos a un grupo de nuevo ingreso nuestra mayor preocupación consiste en evaluar el grado y calidad de los conocimientos previos de los alumnos a efecto de buscar alternativas para incorporar adecuadamente a los más atrasados al resto del grupo pero, ciertamente, en ocasiones la falta de herramientas adecuadas nos hace desesperarnos ya que vemos el proceso enseñanza aprendizaje desde la óptica del maestro universitario y no contextualizamos adecuadamente.
Es verdad que resulta urgente rescatar las preguntas de los alumnos, es decir, motivarlos para que se interesen por la clase y que pregunten lo que consideren importante para, a partir de ahí, estructurar y reestructurar las actividades a desarrollar en la sesión, a efecto de hacer significativo el conocimiento ya que, normalmente, nosotros somos quienes hacemos las preguntas y es probable que no sean las que interesan al alumno y, por ende, no les motive mayormente. Reviste especial importancia en este caso el manejar los conceptos al real nivel del alumno para que éste se sienta incluido en el proceso, haciendo que participe de manera efectiva en la construcción de su conocimiento para que incorpore a su vida los nuevos saberes y les incluya el matiz de sus vivencias.
Ahora puedo vislumbrar una nueva oportunidad en el ejercicio de mi docencia, pues reconozco, humildemente, que puedo ser un buen maestro al acompañar a mis alumnos en la aventura de la adquisición del conocimiento sin mirarlos hacia abajo sino en un plano de igualdad, compañerismo y hasta complicidad que no me demerita, por el contrario, me enaltece. Procuraré disfrutar más y preparar mejor mis sesiones pensando que el eje rector de mi actividad lo es el alumno y que mi satisfacción será verlo formado de manera adecuada al participar de la vida familiar social y laboral que su capacidad le procure.
David.
Hola compañeros, nuevamente con ustedes para compartir la reflexión sobre “La aventura de ser Maestro”.
Ayer, cuando inicié mi participación en el foro traté de reconstruir mi docencia tomando como punto de partida la dicotomía: profesional independiente-maestro, lo que no me costó trabajo; sin embargo, debo confesar que manejé mi escrito con un dejo de ansiedad y temor: ¿me habré conducido bien? ¿Estaré utilizando los conceptos adecuados? ¿Qué pensarán mis compañeros y tutor -que son más experimentados- acerca de mi intervención?, etc., no obstante al recorrer la lectura sobre La Aventura de ser Maestro, confieso que me di un respiro y sonreí al recordar mis temores, pues veo que son compartidos con una gran cantidad de docentes en todas partes del mundo y en todos los niveles.
Es verdad que en el nivel que nos desempeñamos –medio superior- el compromiso es bastante grande ya que no solamente debemos atender al avance intelectual del alumno sino que también es un compromiso generalizado el acotar las distancias entre el nivel y la calidad de los conocimientos que poseen unos y otros, es decir, estandarizar al grupo, pues es innegable que el sistema educativo y la falta de compromiso de algunos docentes con su función provoca serias deficiencias en la adquisición de conocimientos de algunos alumnos y, ello lleva al atraso, la desilusión y finalmente a la deserción, pues el alumno piensa que su falta de aprovechamiento es imputable a él y no lo asocia con la falta de eficacia del docente en las técnicas y formas de la enseñanza.
Generalmente cuando tomamos a un grupo de nuevo ingreso nuestra mayor preocupación consiste en evaluar el grado y calidad de los conocimientos previos de los alumnos a efecto de buscar alternativas para incorporar adecuadamente a los más atrasados al resto del grupo pero, ciertamente, en ocasiones la falta de herramientas adecuadas nos hace desesperarnos ya que vemos el proceso enseñanza aprendizaje desde la óptica del maestro universitario y no contextualizamos adecuadamente.
Es verdad que resulta urgente rescatar las preguntas de los alumnos, es decir, motivarlos para que se interesen por la clase y que pregunten lo que consideren importante para, a partir de ahí, estructurar y reestructurar las actividades a desarrollar en la sesión, a efecto de hacer significativo el conocimiento ya que, normalmente, nosotros somos quienes hacemos las preguntas y es probable que no sean las que interesan al alumno y, por ende, no les motive mayormente. Reviste especial importancia en este caso el manejar los conceptos al real nivel del alumno para que éste se sienta incluido en el proceso, haciendo que participe de manera efectiva en la construcción de su conocimiento para que incorpore a su vida los nuevos saberes y les incluya el matiz de sus vivencias.
Ahora puedo vislumbrar una nueva oportunidad en el ejercicio de mi docencia, pues reconozco, humildemente, que puedo ser un buen maestro al acompañar a mis alumnos en la aventura de la adquisición del conocimiento sin mirarlos hacia abajo sino en un plano de igualdad, compañerismo y hasta complicidad que no me demerita, por el contrario, me enaltece. Procuraré disfrutar más y preparar mejor mis sesiones pensando que el eje rector de mi actividad lo es el alumno y que mi satisfacción será verlo formado de manera adecuada al participar de la vida familiar social y laboral que su capacidad le procure.
David.
Hola y Feliz Año Nuevo, le deseo de todo corazón lo mejor de lo mejor en este 2009.
ResponderEliminarAl leer sus diagnostico mi imaginación voló a un lugar místico y hermoso, gracias por el viaje. Su texto me pareció interesando pero tengo una duda en lo que usted dice…”Los maestros que imparten informática generaran un diagnóstico para establecer un calendario y las actividades a desarrollar”… ¿Usted es informático? O se apoyará de los compañeros para trabajar su proyecto? pregunto, Por que si es informático, le advierto que lo estaré molestando muy seguido.
Gracias y Saludos.
P.D. inserte en su blog fotos de su localidad… para conocerlo.